La decisión del gobierno egipcio de cortar por completo el acceso a Internet y la telefonía celular en medio de las revueltas y caos desatados en aquel país ha generado un interesante debate sobre si el acceso a Internet es un derecho humano.
El Derecho es en esencia un producto cultural en constante cambio, más allá de la voluntad de los gobiernos, los parlamentos y los jueces. En el ámbito de los derechos humanos ese movimiento se advierte en las sucesivas generaciones de derechos que se han configurado en el consenso valorativo de las sociedades, primero, y han sido reconocidos -después- por los instrumentos legales nacionales e internacionales. Los llamados «derechos civiles» (igualdad ante la ley, derecho de propiedad, por sólo mencionar algunos) fueron seguidos por los «derechos sociales» (el derecho a una remuneración justa, a condiciones dignas de trabajo, por ejemplo) y a final del siglo XX por los que se llaman «derechos de nueva generación» (por ejemplo, el derecho a un medio ambiente sano o los derechos de consumidores y usuarios).
La Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por Naciones Unidas en 1948, ciertamente no menciona el acceso a Internet. Evidentemente no podría haberlo hecho porque Internet o la telefonía celular eran en aquellos años tema de las novelas de ciencia ficción. Sin embargo, el artículo 19 no hace distingo de medios al establecer que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». No cabe duda que esta norma protege hoy la comunicación a través de Internet.
Cuando un gobierno ordena cortar completamente las comunicaciones por teléfonos celulares o produce un apagón de Internet está violando no uno sino varios derechos humanos básicos: el derecho a la libertad de opinión y de expresión; el derecho a la información; el derecho a la comunicación. El medio es el celular, Facebook, Twitter, un blog, o una página en Internet. Se trata de nuevos instrumentos que el hombre ha creado para comunicarse con los demás. De esos inventos, la imprenta de Gutenberg e Internet se destacan por el impacto social que significaron en la globalización del conocimiento y la masificación de la información.
Una investigación realizada por la BBC en 26 países detectó que para el 79% de los entrevistados el acceso a Internet es uno de sus derechos fundamentales. Los países que registraron porcentajes mayores fueron Corea (96%), México (94%) y China 887%). En Egipto, el porcentaje fue de 78%.
Es posible que en los años por venir se consagre el derecho de acceso a Internet para garantizar que los gobiernos no decidan apagones informáticos como forma moderna de los viejos sitios medioevales. Finlandia ha sido el primer país del mundo en reconocer por ley, a partir de julio de 2010, el derecho de acceso a Internet.
Parece un tema lejano para los argentinos que todavía lidiamos con problemas más elementales como la pobreza o la inseguridad. Efectivamente hay prioridades. Eso no quita que hay que estar atentos al poder de organización e información que traen aparejados Internet y las redes sociales y la comunicación en general. Es ese poder el que asusta a los gobiernos autoritarios.
Por lejana que nos parezca la discusión en Argentina, en realidad no lo es tanto. Cabe preguntarse, por ejemplo, qué tendría en mente el oficialismo cuando modificó el artículo 64 ter del Código Electoral estableciendo que antes de los 25 días previos a la elección está prohibida la propaganda «de imágenes y nombres de los candidatos a cargos electivos en … Internet». Habrá que seguir con atención qué dicen los anunciados decretos reglamentarios de las restricciones a la campaña electoral en los medios de comunicación.
Publicado en El Estadista, Nº 24, Buenos Aires del 3 al 16 de Febrero de 2011